21 de Julio del 2019

La importancia de tener un aaS bajo la manga

El esquema de -todo como un servicio- en la industria ha ganado cada vez más terreno, presentando conceptos tales como datos como servicios (DaaS), redes como servicios (NaaS) analítica como servicio (AaaS), por mencionar algunos, son modelos que brindan a las empresas una opción de distribución más eficiente de presupuesto y tiempos. Junio / 2019
 

Por: Reseller / Sofía Pacheco

Del trueque en Mesoamérica al intercambio monetario de los fenicios, la evolución del comercio ha sido un reflejo de los cambios que hemos experimentado como sociedad. Sin embargo, no se trata sólo de la transformación de los medios de pago, la raíz misma de las transacciones se ha modificado, desde los productos hasta su retribución pueden desenvolverse actualmente en el plano de lo intangible.

Esta falta de soporte físico no es del todo una novedad, cuando el software se convirtió en un eslabón de la cadena comercial el reto de cómo venderlo nos trajo el esquema de licencias. Hoy es nuevamente desde la trinchera del software que se detona un nuevo modelo de negocio: el de suscripciones o pago por servicio, una dinámica que se está extendiendo de forma acelerada a otras aristas del TI.

De acuerdo con la consultora Select, esta rama aún mantiene una tendencia de crecimiento positiva que se espera mantenga en el futuro cercano, pronosticando que para 2020 SaaS comprenderá 52% del mercado de software aplicativo.

Con la llegada de la nube, los esquemas de servicio penetraron de forma más clara en la industria, aterrizando los conceptos de IaaS, PaaS y SaaS como elementos comunes al integrar un proyecto de virtualización. Pero más allá de la infraestructura, la plataforma y el software, hoy nos topamos con términos que pretenden entregar datos como servicio (DaaS), redes como servicio (NaaS, por sus siglas en inglés), analítica como servicio (AaaS) y hasta el ambicioso todo como servicio (XaaS).

La premisa clave de estos modelos parte de brindar a las empresas una distribución más eficiente de su presupuesto, de invertir en contar con activos propietarios y un equipo dedicado a su administración (CAPEX) a tercerizar estos elementos en una dinámica de arrendamiento (OPEX). Esta visión permite a las organizaciones dedicarse a su core-business sin preocuparse por procesos técnicos, lo que simultáneamente empodera al canal para alcanzar nuevos niveles de negocio, absorbiendo dichas responsabilidades como un valor agregado.

Según cifras del ISG Index, durante el primer trimestre del 2019 los contratos de outsourcing crecieron un 12%, crecimientos que al desagregarse muestran que el arrendamiento tradicional se incrementó un 7% (alcanzando un valor de 5,600 millones de dólares) y los esquemas aaS subieron a una tasa del 26%, rebasando los 6,500 millones de dólares.

Tales estadísticas reflejan una rápida adopción de estos esquemas, que resulta claramente rentable para fabricantes y proveedores en el sentido de que redistribuye tareas e ingresos más allá de los modelos de venta única, lo que permite a los integradores generar relaciones de negocio a largo plazo que, al final del día, le permiten obtener mayores utilidades por su labor.

Con estos resultados, cada vez más esferas de la industria apuestan por dichas dinámicas, no sólo en el sector empresarial, sino que se han arraigado de manera significativa en el área de consumo. El mismo usuario final está demandando cada vez más este tipo de propuestas, familiarizado profundamente con los servicios de video on-demand, delivery y hasta movilidad, donde muchas veces les resulta más accesible, por ejemplo, pagar un plan anual de streaming de música que comprar cada semana un disco físico de sus artistas favoritos.

Hasta el sector automotriz, un símbolo de la economía tradicional, las tendencias revelan una migración significativa en la ya mencionada dirección. Simplemente en los Estados Unidos, uno de cada tres autos adquiridos en 2018 se obtuvieron mediante un plan de leasing; es decir, ya no se trata de poseer un bien, sino de poder acceder a este cuando sea necesario.

Si esto pasa a nivel persona, ¿por qué no transmitirlo a la operación empresarial? El paso de una dinámica transaccional a una contractual es una oportunidad crítica para el canal de distribución, pero implica también un desafío fundamental que permea a toda la cadena de suministro.

“Las empresas siguen apostando por la tecnología, pues están altamente tecnificadas y esta condición no les permite retroceder. Por otro lado, ante un ambiente de restricción económica, la tercerización de las operaciones es un camino factible y además, las demandas de los nuevos consumidores nos llevan a la tecnología como una respuesta, tanto para generar ahorro como para la innovación ante la necesidad de ser competitivos”, acotó Jorge Gómez, Director de Soluciones Empresariales para IDC México.

La cuestión es que, para entregar la flexibilidad y disponibilidad que los clientes requieren, la labor del canal se parte en vías de la entrega de servicio con un robusto equipo de atención, y la orquestación adecuada con proveedores de diferentes ramos, de modo que pueda formar soluciones integrales a través del cross-selling, cubriendo así las demandas de cada proyecto.

Esto, además, extiende el ciclo comercial, ya que el rol del integrador llega más lejos de la entrega de una caja, abarcando incluso la instalación, configuración, administración y soporte de los dispositivos o servicios, ampliando la relación desde la preventa hasta la posventa, en un flujo continuo.

Pese a estos esfuerzos adicionales, la oportunidad de los servicios tiene el poder de revitalizar el negocio de canal, convirtiéndolo en una piedra angular de cualquier negocio y maximizando su rentabilidad, al convertirlo en un embajador de funcionalidad y valor para el usuario.